junio 24, 2021

¿Qué tan efectiva es la cooperación China – Venezuela?

La emergencia de China como una potencia de escala global configura nuevos escenarios geopolíticos de enorme importancia. Estos procesos de conflicto y transformación mundial están generando impactos considerables a nivel económico, social, ambiental, político y cultural, que
conviene evaluar con más detalle.


Los cambios experimentados en América Latina y el Caribe en las últimas décadas tienen ya la impronta china y es fundamental comprender cómo y por qué estas relaciones se han desarrollado de esta manera, en pro de reflexionar sobre el qué hacer para procurar mayor bienestar para
nuestros pueblos.


Estas preguntas parecen aún más vitales para Venezuela, sumida tal vez en la peor crisis de su historia republicana. China ha desarrollado con este país probablemente la relación bilateral más estrecha que tiene en toda América Latina, lo que supone que su nivel de incidencia en el proceso de auge y colapso venezolano merece también ser escrutado Si bien China y Venezuela tienen lazos comerciales desde la década de los 40, con la venta de petróleo al gigante asiático, ya en los setentas se profundizan estas relaciones, específicamente en 1974 con la suscripción de 36 instrumentos de cooperación en los sectores petrolero, científico, manufacturero, comercial, agrícola, ganadero y pesca y con el establecimiento en Venezuela de once empresas de capital chino (MPPRE, 2013), incrementándose de forma sostenida hasta 1999.

En el año 2001, se firmaron acuerdos bilaterales de cooperación en materia energética, cultural, tecnológica y minera; créditos y tratados incluida una línea de crédito destinado al sector agrícola.


Así, se ejecutan proyectos y préstamos cancelados con petróleo, con oro y otros materiales de gran valor monetario.


Pero no es sino hasta principios y mediados de los años 2000, cuando se alinean los intereses de ambos países, durante el mandato del Coronel Hugo Chávez, en que Venezuela trata de diversificar los países a los que exportaba petróleo, su principal fuente de riqueza.


Se redefinen también las relaciones con China y las alianzas en materia política, económica y energética, profundizándose la cooperación, lo que es visto como un desafío flagrante para Estados Unidos.


Pekín se encontraba en pleno proceso de crecimiento económico tras la apertura iniciada en los años 80, y comenzaba a buscar nuevas fuentes de recursos para abastecer la demanda de su vasta población.


Por entonces, China ya era uno de los principales importadores de petróleo del mundo, por lo que la relación parecía destinada a darse. China necesitaba mucho petróleo y Venezuela lo tenía”.

Desde 2007 hasta 2018, Pekín prestó al país latinoamericano más de USD $67.000 millones, según los últimos datos de financiación China-América Latina que maneja el centro de estudios Diálogo Interamericano y la Universidad de Boston.


En el primer lustro de este siglo, China y Venezuela han establecido una cooperación en materia de inversión ascendente de carácter estratégico que se ha enfocado en sectores: energético, transportes ( ferrocarriles) industria y agricultura, convirtiendo al gigante asiático en el segundo
socio económico de esta nación, con el cual desde 2010 ha celebrado acuerdos que incluyen un crédito por 20 mil millones para financiar inversiones en 19 proyectos de diversa índole que contemplan: minería, electricidad, finanzas, transporte, gas, petróleo y petroquímica; llevando a
que muchas empresas chinas se instalen en la región, sobre todo las de tipo público o estatal, como una estrategia para lograr el fortalecimiento de la seguridad alimentaria, el suministro de energéticos y materias primas, así como la expansión de las fronteras chinas para acceder a diversos
mercados para la colocación de sus altos volúmenes de producción a través de exportación.


El apoyo científico tecnológico de China, tuvo sus resultados cuando en 2008 se puso en órbita el satélite Simón Bolívar para comunicaciones y luego Venezuela tomó el control del satélite Miranda (2012), para capturar imágenes digitales de alta resolución del territorio venezolano, también se
lanzó el tercer satélite, el Antonio José de Sucre desde China, este fue diseñado con el aporte de venezolanos.

Para 2017, China se había convertido en el segundo socio comercial de Venezuela solo detrás de los Estados Unidos y sobrepasando a la Unión Europea e India (World Trade Map, 2019; Comisión Europea, 2018).

Con relación a la composición de los intercambios comerciales entre ambas partes, estas se componen básicamente de exportaciones de materias primas y productos no manufacturados, y las importaciones de productos chinos manufacturados de alta composición industrial y tecnológica,
situación que no beneficia a largo plazo a la nación latinoamericana.
Intentaré hacer una ligera revisión con una perspectiva crítica del real apoyo que la relación con China está dejando a Venezuela, con una posición como ecuatoriana, como latinoamericana, para eso, tomo entre otras fuentes ( distintos medios de comunicación), datos revelados en el informe
“Relación China-Venezuela en cuestión: colapso económico, extractivismo y derechos humanos” que presenta un análisis integrado de dicho nexo, evaluando no sólo el ámbito económico y político, sino también las dimensiones socio-territorial, étnica, ambiental y de derechos humanos.


Me baso en la articulación entre la economía política, la ecología política y el enfoque de derechos humanos; y por otro lado, en la evidencia de los diferentes actores impactados por esta relación, que van desde aquellos provenientes de la esfera gubernamental, hasta los pueblos indígenas.


Aunque con enfoques y énfasis diferentes, los actores coinciden en un balance negativo de la misma, debido a su determinante efecto en la profundización del extractivismo en el país, la impronta que deja China en la intensificación de la dependencia y la subordinación extranjera, la
carencia de información transparente sobre acuerdos y operaciones, los casos de corrupción que impregnaron los convenios chino-venezolanos, los notorios impactos ambientales, y los efectos negativos sobre los derechos humanos, especialmente de los pueblos indígenas.


No debemos pasar por alto que la relación entre los dos países está profundamente determinada por los intereses geopolíticos de ambos.
Para ver cuán benéfica es esta relación hay que evaluar, el rol de los préstamos chinos y cómo este tipo de instrumentos han acrecentado la dependencia con el país asiático y se han orientado hacia la exacción de recursos naturales sin ningún miramiento ambiental.


Varias fuentes consultadas coinciden en que los negocios con China fueron particularmente ominosos y lesivos para el erario público, y que existe una estrecha relación entre la enorme pobreza en la que se encuentra el país en la actualidad y las formas oscuras en las que se desarrollaron esos
acuerdos bilaterales.


El rol clave de China en la profundización de los males del rentismo/extractivismo y de la condición de dependencia del país, que ocurre precisamente en el periodo de auge y bonanza, por lo que
resalta la conexión desarrollismo-endeudamiento y su relación con la posterior crisis que surgió


A partir de la crisis, se da un segundo proceso en el cual se genera la conexión endeudamientoajuste, y China juega un papel determinante en los procesos de neoliberalización de la llamada ‘Revolución Bolivariana’.


La política de China hacia Venezuela ha transitado de la cooperación comercial al extractivismo, lo cual se evidencia con el proyecto Arco Minero del Orinoco (AMO), en donde los chinos han sido los principales promotores e inversores. Hay que señalar que en los contratos de exploración y
explotación otorgados a China en el AMO, no hay implícitos estudios de impactos socioculturales y ambientales ni se llevaron adelante las espectivas consultas a pueblos indígenas. Esto determina la conculcación de los derechos humanos, en particular de los llamados derechos emergentes como son el de los pueblos y comunidades originarias, junto a los derechos de la naturaleza

El Movimiento Ecológico de Venezuela considera al Arco Minero del Orinoco AMO “ecocida, etnocida y genocida”. El presidente Nicolás Maduro al firmar contratos valorados en 4.500 millones de dólares con compañías transnacionales, oficializó el proyecto que amenaza la flora y fauna del 12% de los ecosistemas nacionales.


Hay muchos testimonios de cómo las organizaciones indígenas (como la COIAM) resistieron al Convenio China-Venezuela y sus proyectos mineros, y cómo estas fueron confrontadas con poderosos mecanismos de cooptación, para poder llevar adelante dichos proyectos.


El rol de China ante la violación de los derechos de los pueblos indígenas ha sido precisamente el de sostén y cómplice del silenciamiento y cooptación gubernamental de los sectores críticos de sus organizaciones. En este sentido, el país asiático es, por acción u omisión, partícipe de la violación de
derechos humanos producto del impulso de sus proyectos.


Cui Shoujun, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Renmin de China, una de las más prestigiosas del país, coincide en que Pekín está preocupado por la situación y considera que “nadie puede garantizar” lo que ocurrirá con los acuerdos económicos entre ambos países si hay un cambio de gobierno en Venezuela, pese a los mensajes de calma hacia China por parte de la oposición venezolana.
No obstante, Cui es de los que piensa que el ejecutivo está haciendo lo correcto:


“Diplomáticamente, China debe apoyar a Maduro, es el líder legítimo de Venezuela”.


Así presentadas las cosas, no nos queda sino identificar ( y con reocupación) el rol cada vez más destacado que China viene es empeñando en la configuración de la política regional latinoamericana, al ser reconocida por instituciones como el FMI como la primera potencia económica-comercial mundial, que ha ido incrementando sus lazos con los diversos países y bloques latinoamericanos en los últimos años, constituyéndose en un fuerte contrapeso a la influencia norteamericana en la región, al ofrecerle espacios alternativos, comerciales, políticos y financieros que le han permitido mantener un gran dinamismo en su crecimiento económico a pesar del contexto de crisis multidimensional prevaleciente.


Sin embargo China se presenta como un riesgo latente para Venezuela y para América Latina, con relación a la continuidad en la reproducción de patrones primarios de producción y la consecuente desposesión de las comunidades más vulnerables. De ahí que sea menester fortalecer más bien la integración latinoamericana a fin de diversificar los mercados y crear leyes supranacionales que protejan los derechos humanos de las poblaciones más vulnerables y los derechos de la naturaleza,
ante las ansias desmedidas del nuevo hegemón.

MSc. Paulina Andrade A
MSc. Paulina Andrade A

COMUNICADORA E INTERNACIONALISTA