abril 23, 2021

El pulpo de mil tentáculos

El pensamiento neoliberal es un pulpo con muchos tentáculos. Y todos funcionan. Si uno falla, otro surge, tal cual la cabeza de la Hydra. Como nace de un modo de pensar y actuar que se viene entrenando desde hace más de quinientos años, práctica y estrategias para manipular la lógica del discurso no le faltan. Le sobran, diríamos. Y en este momento ataca con fuerza contra todo, incluso contra aquellas conquistas que se pensaban inamovibles, como son el permiso y los beneficios de maternidad y lactancia.

Poco importa que se sepa, de forma contundente, que, en los primeros años, y sobre todo en los primeros meses de vida es fundamental la presencia de los padres, sobre todo de la madre, para el desarrollo físico y psicológico de todo ser humano. Poco importa que existan toda clase de pruebas respecto de la importancia de la alimentación con leche materna durante el primer año de vida. No. Les vale. Lo único que importa en el mundo del neoliberalismo es la ganancia. No more, diríamos, para estar a tono con el idioma del imperio.

Ahora, aparece como defensora del sistema la doctora Bárbara Terán, quien, a pesar de haber estudiado en la Universidad Complutense de Madrid, se define en su perfil de Linkedin como “Lawyer at Estudio Jurídico Terán & Terán” (no comments). Ella se abroga el supuesto derecho de hablar en nombre de las mujeres y dice, muy suelta de huesos, que “Las mujeres queremos menos de estos privilegios”, refiriéndose básicamente a los permisos de maternidad y facilidades para la lactancia.

¿Es en serio? ¿Realmente las mujeres queremos menos privilegios, concretamente, de esos privilegios? ¿Se basa en algún sondeo o encuesta, aunque sea amañada, para afirmarlo? No, a ella se le ocurre que, porque ella no quiere, el resto de mujeres que en el mundo han sido tampoco los desea. Una típica conducta de las clases ‘pudientes’: si yo no, entonces nadie. Desconoce que, si algo quiere una madre que acaba de dar a luz a un bebé es permanecer a su lado. Si algo desea, al menos en circunstancias normales, es poder atenderlo, cuidarlo y alimentarlo, ocuparse de su bienestar y, ¿por qué no? disfrutar de su maternidad como una nueva experiencia afectiva y humana; pero claro, eso sería en un ideal mundo en donde el capital esté al servicio de las personas, y no al revés.

La doctora Terán muestra al empleador como una víctima de la maternidad de sus contratadas. Pobrecitos, no pueden despedir a una empleada desde el momento en que se anuncia su gestación. Tienen que pagar el 100% de la remuneración durante la licencia de maternidad. Deben proporcionar a sus empleadas facilidades para la extracción de leche materna durante el día… ¡por veinte minutos de sesenta segundos cada uno! Y la peor de todas, les toca, de ser solicitados, proporcionar una licencia sin sueldo por nueve meses a quien así lo desee. Como para suicidarse. O como para ponerse a despedir mujeres a diestra y siniestra… O como para dejar de contratar mujeres en edad fértil.

A continuación, después de las quejas de plañidera en donde se ‘solidariza’ con la ‘terrible situación’ de los empleadores, la doctora Terán propone algunas soluciones, según ella para compensar los tremendos privilegios con que las mujeres en edad fértil ponen en vilo la estabilidad económica de sus empleadores. Pero aquí caben algunas observaciones: en el artículo en cuestión no existe un solo dato o cifra que avale lo afirmado. No se cita más fuente que las

deducciones de la autora, y quizá la normativa legal. ¿Cuánto ‘pierde’, por ejemplo, un empleador por lo señalado en el artículo como un ‘privilegio’ que una mujer ‘no quiere’? ¿A cómo ascienden las ‘pérdidas’ de las empresas en promedio? No se sabe.

El Ecuador es un país a cuya clase empresarial no le importó exponer a decenas de miles de empleados a regresar a sus puestos de trabajo mientras el nivel de contagios del COVID-19 iba en ascenso o se mantenía sin disminución. Es un país en donde algún iluminado empresario dijo que vayan nomás a trabajar los menores de cuarenta años porque ellos no están en riesgo (viven en cápsulas aisladas, de seguro, y en ellas se transportan, también, y no existen diabéticos ni hipertensos ni sobrevivientes del cáncer de esa edad, según él). Un país en donde un banquero devoto de la virgen Dolorosa del Colegio habló incluso de la ‘conveniencia’ de algunas muertes. Y es esa clase empresarial la que hace su vocera a una mujer que seguramente no tiene que cuidar su puesto de ‘lawyer’ en un estudio jurídico familiar, y que por eso afirma que, como ella no quiere (no necesita) de ciertos privilegios laborales, el resto de mujeres en el Ecuador (o quién sabe si en el mundo entero) tampoco los desean.

Si las mujeres y los hombres conscientes no abrimos los ojos, y sobre todo no nos ponemos proactivos ante los tentáculos del monstruo neoliberal, es muy probable que, como ya se ha visto en el título de este artículo, los dueños del mundo y sus más cercanos y mejor pagados esbirros mediáticos comiencen a decidir qué queremos y qué no queremos, y sigan obrando en consecuencia, sin siquiera consultarnos si nos importa un ápice el bienestar de nuestras futuras generaciones, porque no pertenecen a su clase privilegiada, y como ellos han decidido que no queremos vivir bien ni que nuestros hijos lo hagan, pues así mismo ha de ser.

Lucrecia Maldonado
Lucrecia Maldonado

Escritora – Profesora de Lenguaje – Facilitadora en Constelaciones Familiares – Taróloga